Una pausa en Sevilla

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Hoy no traigo una receta… Traigo muchas, aunque no las he hecho yo.

Estuvimos en Sevilla. Tuve que ir por unas jornadas técnicas y nos quedamos el fin de semana.

Llegamos el jueves por la tarde. Nos fuimos al centro a dar una vueltecilla. Acabamos cenando en un sitio del centro. Si bien cenamos en un sitio razonable (una buena ensalada, unas buenas tortillas de camarón y una fritura más que correcta) a un precio justo, nos quedó la impresión de que habíamos cenado en un sitio muy orientado a turistas.

Durante la jornada técnica conocí a Ana y Blanca, dos aparejadoras con las que coincidí en la misma mesa durante la comida. Les pregunté por sitios para comer en Sevilla… Muy amablemente me confeccionaron LA LISTA. Había unos quince sitios. De tapas, un par de freidurías, una heladería… incluso una terracita para tomarse una copa. Todo ello indicado sobre un plano y un croquis de los alrededores de la Plaza Nueva para encontrar alguno de los sitios. De mi parte y de la de mi mujer ¡Gracias, Ana y Blanca! No sólo por lo completo de la recopilación, sino porque los sitios que a los que pudimos ir (nos faltó tiempo para ir a todos) fueron una verdadera gozada.
Así que el sábado y armados con la lista nos fuimos por Sevilla.
Después de la visita al Museo de Bellas Artes, dimos una vueltecita a pie (desde el Museo de Bellas Artes a la Plaza nueva, de allí a la Catedral, Calle del Agua, plaza de Doña Elvira, Puerta de Jerez, Paseo de Cristina, Puente de San Telmo, por el Barrio de Triana hasta el Mercado de Triana, vuelta por el Puente de Triana) y acabamos frente a la plaza de toros de La Maestranza.
En la lista teníamos la indicación de que detrás de la Maestranza está la Bodeguita Romero. Por desconocimiento, entramos por la calle de la izquierda mirando la entrada de la Maestranza con el río a nuestras espaldas. Le tuvimos que dar toda la vuelta completa a la plaza de toros y, cuando estábamos por perder la esperanza y sentarnos en el primer sitio que pilláramos, encontramos el lugar.

Bodeguita de Antonio Romero (C/ Antonia Díaz)

“Para comer lo tengo todo lleno, para tapas y raciones, en la barra”. 

Pues tapas y raciones, que es a lo que íbamos.

“Nos han recomendado la pringá”. 

“Pues os pongo uno de pringá y un piripi y los probáis”

Mientras esperábamos (no mucho, la verdad) los dos montaditos, nos pusieron un platito de remolacha roja con cebolla junto con una caña que me supo a gloria después de la calorá que llevábamos.
Detrás de nosotros había un grupo que parecía conocer lo que pedía. Así que a la que oíamos que pedían algo, nosotros también. Así conocimos los mantecaitos y el sevillano. Las manitas son una debilidad personal. El rollito de mero y gambas, sugerencia del camarero.
Piripi

Bocadillito (tamaño pito) de bacon y lomo de cerdo ibérico (cortado en loncha casi tan fina como el bacon) con tomate natural cortado y un puntito generoso de mayonesa. 

Pringá
Bocadillito (tamaño pito) con “pringá”, que es una mezcla de las carnes y embutidos procedentes del cocido, una vez desmenuzados.
Mantecaito
Lonchita de pan tostado, lomo de cerdo ibérico a la plancha, cebolla frita y una cortada de jamón por encima, sudando. Para comerlo (consejo del camarero), poner una de las cortadas de pan con las que lo sirven por encima y darle la vuelta para comer como un montadito. 
Mantecaito. Foto del Facebook de Bodeguita Antonio Romero
Manitas Jumillano
Unas manitas de cerdo con salsa de toma pan y moja (o en su defecto, las patatas fritas de acompañamiento con las que lo mojé yo) a base de pimientos, choriceros, ñoras y pimentón. Me han dicho las malas lenguas que al parecer lleva el nombre de un restaurante de Alicante, llamado “El Jumillano”. 
La tapa de manitas
Sevillano (y su variante, Bético)
Parecido a un flamenquín de jamón dulce y queso con un centro de carne. Y su variante bética, con espinacas. Para que no se enfade nadie.
Rollito de mero y gambas
Similar a una croqueta, pero de pescado. Espectacular.
Volvimos al hotel para esperar a que bajara el calor (que ya apretaba cuando salimos de la Bodeguita, marcaba 39º) y de paso pegarnos una siesta. Allá a las siete y media salimos otra vez del hotel. ¡Mucho mejor, 44º!
Aún así salimos a dar una vuelta. Desde La Macarena, calle San Luís, plaza San Marcos, plaza Cristo de Burgos, Buen Suceso, plaza de San Ildefonso, plaza de la Alfalfa, donde hicimos una parada para tomarnos una caña.

Una curiosidad ¿No se prepara rebujito en Sevilla fuera de la Feria de Abril? Porque lo pedimos en tres sitios y en los tres nos dijeron que no. A mí, particularmente, no me gusta (me parece estropear un buen vino, como si a un buen tinto de crianza le pones gaseosa…), pero mi mujer quería probarlo. Se quedó con las ganas.

Y empezamos un recorrido por algunos de los sitios de la lista.

Bar Europa (Plaza del Pan)

Tapa del día – Pincho de pan, mozzarella, anchoa y tomate seco.

Pese a la aparente simplicidad, esto no es lo que parece. Sobre un pan en condiciones, la mozzarella no era el típico trozo de jabón sin sabor que muchas veces aparece. Llevaba, hasta donde yo puedo distinguir, una anchoa grandecita en salazón casero (si son industriales, que alguien me diga dónde conseguirlas) y con un chorro de un buen aceite de oliva por encima. El tomate seco, rehidratado y emulsionado con aceite de oliva como una pasta, que no sólo aportaba un punto de color al plato, sino que le daba un puntito ácido que no tiene lo demás. Una tapa redonda. Esta tapa no estaba en carta. La vimos apuntada en una pizarrita como tapa del día, así que si vais otro día igual no está.

Freiduría  la Isla (C/ García Vinuesa)

“Podéis pedir media cuarta, y así os sale más variadito”

Ese fue el consejo que nos dio la señora que estaba detrás del mostrador después de vernos discutir qué pedíamos, ya que con sólo un par de cuartos (que era lo mínimo que había en el panel del menú) ya cubríamos más de lo que podríamos cenar.
En realidad, esto no era un bar o un restaurante. Al entrar te encuentras con un mostrador con una báscula. Tienen también una ventana para despachar directamente a la calle. La mayor parte de la clientela llega pide la fritura, se espera y se la lleva a casa. En el local hay cuatro mesas para comer allí mismo en el local.
La fritura se sirve en una cucurucho de papel de estraza forrado con una blonda. Pensábamos que el papel de estraza se había perdido en la noche de los tiempos, pero no. Sigue donde tiene que estar.

Así que pedimos, extendimos el cucurucho sobre una mesa y nos lo cenamos allí mismo:

Gazpacho

Es curioso. Hace tiempo que el gazpacho está instalado en gran parte del ideario de la gente como primero de menú playero para turistas (ya sabéis, de primero gazpacho aguado y de segundo, paella de rancho). En defensa del gazpacho he de decir que lo hemos comido en tres ocasiones estando por aquí y a cual mejor. Ni aguado, ni de bote, ni nada. Gazpacho natural, cada uno con su matiz (uno tenía más ajo, otro más vinagre, …), pero buenos. Muy buenos.

Adobo

Como siempre lo llamamos cazón en adobo, me costo acordarme de cambiar el chip. Espectacular, tanto el adobo con ese puntito de comino, como la fritura, ligerita pero crujiente.

Boquerón

Aquí he de decir que me gusta más el que hago yo. La fritura estaba bien, pero los boquerones estaban un pelín sosos.

Chipirón

Aquí el nivel de crujiente de la fritura pasaba a ser extra-plus. Los recovecos del chipirón recojen mucho mejor la harina y hacen que el conjunto sea muy crujiente.
La fritura.
Obsérvese que la blonda está prácticamente limpia de aceite,
con lo que la fritura no estaba nada aceitosa y sí muy crujiente.

Mi mujer se quedó llena a falta de un postrecito. A mí, me quedaba un huequito, así que nos acercamos a otro sitio.

Bodeguita Romero (C/ Harinas)

“Mi mujer ya ha cenado, pero yo me comeré un par de montaditos”

Eso le comenté al camarero después de que nos sirviera una caña fresquita, ya que me daba vergüenza confesar que ya había cenado y que sólo quería probar alguna de las tapas por gula.
Pese a que comparte nombre con la Bodeguita de Antonio Romero, no hay que confundirse, este es otro local y no es de los mismos. Nos pudimos sentar en unas mesas altas con taburetes que hay en la parte de fuera. Creo que ocupamos la última mesa libre, porque un par de clientes posteriores se tuvieron que esperar a que quedase una mesita libre.
Pese a haber pasado por la freiduría, yo me había quedado con un poco de gusa, así que pedí un par de montaditos para completar. Mi mujer pidió un postre.
Montadito de morcilla de hígado
Sencillo. Cuatro cortaditas de pan tostado calentito, dos cortadas de un dedo de grosor de una morcilla que se funde en la boca y que, para los devotos de la casquería como yo, mezcla el sabor a hígado con un toque que me recordó al comino y la canela. Celestial.
Montadito de lomo al Jerez
Este montadito me despistó. Esperaba una cortada de lomo guisada en salsa., pero apareció un bocadillito de pan calentito con un especie fiambre cortado fino y un chorro de aceite. No logré distinguir el aroma del Jerez, aunque el conjunto es muy sabroso.
Naranja preparadas con aceite de oliva y canela
Una naranja preparada con un buen chorro de aceite de oliva y espolvoreada con canela. Si bien la naranja era “un poc pelluda” (se dice de las naranjas en la que la tela que contiene los gajos es gruesa y difícil de comer), la combinación está muy acertada.
Y con eso nos fuimos hasta la terraza del hotel Los Seises a tomarnos una copita para completar la noche. Una terraza con estas vistas por la noche:

¡A vuestra salud!

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